La Inteligencia Emocional en la Empresa

Buen día, este libro me lo recomendó un maestro que a pesar de que no aprendí mucho en su clase respecto a la materia, me parecía alguien muy astuto. Ciertamente, este libro es un must read para todo godín que tenga de expectativa tener alguna posición de liderazgo. Y sin duda también es bastante útil para cualquier líder en una empresa, no es una lectura difícil, de hecho acabé el libro en tiempo récord de 3 días, así que si tienes la oportunidad de leerlo por tu cuenta, sí te lo recomendaría ya que expone muchísimos casos prácticos sobre cada aspecto que voy a mencionar en este blog. Por último encontré muy útil la tabla en la que se expone qué tipo de líder es mejor dependiendo cada situación, así que les recomiendo compren el libro para que tengan siempre a la vista esa tabla cuando estén trabajando.

Una empresa se trata de crear valor a los accionistas al traer el mayor retorno en activos. Se debe buscar el desarrollo de los empleados y motivarlos a que se tenga una obsesión por proveerle la mejor solución al cliente.

Factores clave que influyen en el entorno de trabajo de una organización.

Su flexibilidad, esto es, lo libres que se sienten los empleados para innovar sin trabas burocráticas; el sentido de la responsabilidad de estos para con la organización; los valores que establecen; la exactitud de las valoraciones sobre el rendimiento y la idoneidad de las recompensas; la claridad con la que los trabajadores perciben su misión y sus valores, y, por último, el grado de compromiso con un objetivo común.

Liderazgo que da resultados 

Muchos directivos suponen de forma equivocada que el estilo de liderazgo es consecuencia de la personalidad y no una elección estratégica. En lugar de escoger el estilo que se adecúe a su temperamento, deberían preguntar cuál satisface mejor las exigencias de una situación en particular. Muchos estudios han demostrado que los líderes más exitosos poseen aptitudes en las siguientes competencias de la inteligencia emocional: conciencia de uno mismo, autogestión, motivación, empatía y habilidad social. Existen seis estilos básicos de liderazgo, y cada uno de ellos utiliza los componentes clave de la inteligencia emocional en diferentes combinaciones. Los mejores líderes no ponen en práctica un solo estilo de liderazgo; son aptos en varios y tienen la flexibilidad necesaria para saltar de uno a otro según lo requieran las circunstancias.

LA IDEA EN LA PRÁCTICA
A menudo, los directivos no son conscientes de lo mucho que puede influir el ambiente de una organización en los resultados financieros. Puede llegar a suponer un tercio del rendimiento económico. Por su parte, el ambiente de la organización se ve influido por el estilo de liderazgo:
Cómo esos directivos motivan a sus subordinados directos, recaban y utilizan información, toman decisiones, gestionan iniciativas de cambio y afrontan las crisis. Hay seis estilos de liderazgo básicos. Cada uno de ellos se deriva de diferentes competencias de la inteligencia emocional, funciona mejor en situaciones concretas y afecta al ambiente de la organización de diferentes maneras.

El estilo coercitivo: el planteamiento de «haz lo que yo digo» puede ser muy eficaz en una situación de renovación o desastre natural o cuando se trabaja con empleados problemáticos. Pero, en la mayoría de las situaciones, inhibe la flexibilidad de la organización y disminuye la motivación de los trabajadores.

El estilo autoritario: un líder autoritario adopta un planteamiento de ‘acompáñame’; estipula el objetivo general, pero da libertad para que la gente elija su medio de llegar hasta él. Este estilo funciona sobre todo cuando una empresa va a la deriva, pero es menos eficaz cuando el líder trabaja con un equipo de expertos que poseen más experiencia que él.

El estilo afiliativo: el sello distintivo del líder afiliativo es una actitud de «la gente es lo primero». Este estilo resulta especialmente útil para generar armonía o subir la moral en un grupo. Pero el hecho de que solo acento en los elogios también puede causar que un bajo rendimiento no sea corregido. Asimismo, los líderes afiliativos rara vez ofrecen consejos, lo cual a menudo sume en un dilema a los empleados.

El estilo democrático: el impacto de este estilo en el ambiente de la organización no es tan grande como cabría imaginar. Al otorgar voz a los trabajadores a la hora de tomar decisiones, los líderes democráticos fomentan la flexibilidad y la responsabilidad en la organización y ayudan a generar ideas nuevas. Pero a veces el precio son reuniones interminables y unos empleados confusos que sienten que carecen de un líder.

El estilo pionero: un líder que establece elevados criterios de rendimiento y que sirve de ejemplo tiene un impacto muy positivo en los empleados que están motivados y son muy competentes. Pero otros tienden a sentirse abrumados por las exigencias de excelencia de un líder de este tipo, y a molestarse por su tendencia a tomar las riendas de cualquier situación.

El estilo formativo: este estilo se centra más en el desarrollo personal que en tareas estrictamente relacionadas con el trabajo. Funciona bien cuando los empleados ya son conscientes de sus flaquezas y quieren mejorar, pero no cuando se resisten a modificar sus costumbres.

Cuantos más estilos domine un líder, mejor. Poder elegir entre los estilos autoritario, afiliativo, democrático y formativo cuando lo requieran las circunstancias genera el mejor ambiente en una organización y optimiza el rendimiento del negocio.

¿De qué está hecho un líder?

¿Qué distingue a los grandes líderes de los que solo son buenos? Según Daniel Goleman, no son el cociente intelectual ni las aptitudes técnicas, sino la inteligencia emocional, un grupo de cinco destrezas que permiten a los mejores líderes maximizar su rendimiento y el de sus seguidores. Cuando los altos directivos de una empresa poseen un buen número de aptitudes de la inteligencia emocional, sus departamentos superan los objetivos anuales de beneficios en un 20 por ciento.

Las aptitudes de la inteligencia emocional son las siguientes:

  • Conciencia de uno mismo: conocer nuestras virtudes, flaquezas, impulsos, valores e impacto en los demás.
  • Autogestión: controlar o redirigir impulsos y estados de ánimo perturbadores.
  • Motivación: disfrutar de los logros por sí mismos.
  • Empatía: comprender la configuración emocional de los demás.
  • Habilidad social: generar entendimiento con los demás para guiarlos en la dirección deseada.

Todos nacemos con ciertos niveles de inteligencia emocional, pero podemos mejorar esas aptitudes por medio de la perseverancia, la práctica y las valoraciones de colegas o formadores.

Los líderes que cosechan los mejores resultados no recurren a un solo estilo de liderazgo, sino que utilizan la mayoría de ellos a lo largo de una misma semana (de forma apenas planeada y en desigual medida) dependiendo de la situación del negocio.

Angel Escamilla Rdz

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